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Conquistadoras extremeñas

Conquistadoras extremeñas

La historia desconocida de las mujeres que partieron hacia América

Todos conocemos los nombres de algunos de los hombres que partieron hacia América en busca de gloria, fama y fortuna en aquel llamado Nuevo Mundo. Somos conocedores, en gran medida, de sus hazañas, sueños y aventuras. Muchos hemos oído los nombres de Francisco Pizarro, Hernán Cortes o Francisco de Orellana. A ellos se dedican plazas, calles, avenidas o se erigen monumentos y estatuas. Pero lo que algunos no saben es que también hubo mujeres que hicieron posibles grandes avances en la conquista del continente americano. Llevaron a cabo innovaciones y progresos. Bien sea empuñando las armas o haciendo gala de un gran intelecto, contribuyeron al descubrimiento, toma y establecimiento de los españoles en nuevas zonas. Como guías de turismo oficiales de Extremadura, muchas veces nos vemos obligados a contar la historia de los conquistadores de América cuando hacemos una visita guiada en enclaves como Cáceres o Trujillo. Este artículo, sin embargo, vamos a hacer un pequeño recorrido por el papel discreto y desconocido, no solo de descubrimiento y colonización, sino también de conquista, que tuvieron las mujeres.

La maestra Catalina Bustamante

Catalina Bustamante nació aproximadamente hacia 1490 en Llerena, provincia de Badajoz. Su llegada a América y la primera etapa de su estancia allí fue como la de muchas otras españolas que acompañaban a sus maridos. Sin embargo, al enviudar decidió permanecer en México con sus dos hijas. Allí consagró su vida a la educación, formación y evangelización de jóvenes indígenas.

Comprometida con la promoción de las mujeres jóvenes

Seguramente fue impulsada a ello por las injusticias que se cometían contra los nativos, y en especial contra las mujeres. Catalina consiguió que la orden franciscana habilitara un antiguo palacio en Texcoco (México) para desarrollar esa loable empresa por intercesión de fray Toribio de Benavente. Los franciscanos, por supuesto, eran una de las órdenes más proclives a la labor formativa en el Nuevo Mundo. Allí Catalina enseñaba a los nativos a leer y escribir, a realizar labores domésticas, a desempeñar un oficio.

Pero más allá de esto, Catalina inculcó en las jóvenes indígenas el verdadero espíritu de la fe cristiana. Por ejemplo, las educó en valores como la igualdad. Catalina les hizo ver que tenían una dignidad como ser humano. Además, también a anteponer sus anhelos a los de sus progenitores. Hasta entonces los padres controlaban los hilos de las vidas de su hijos. Incluso llegaban a usarlos como moneda de cambio para sus propios intereses. Catalina se convirtió en la voz crítica ante las tropelías que se llevaban a cabo contra estas mujeres.

Con el apoyo de la casa real

Ante el encaprichamiento del alcalde de la ciudad por una joven indígena, Bustamante escribió una misiva a Carlos I para que intercediera. Por suerte, la denuncia llegó a manos de la regente, Isabel de Portugal. Aunque ya era tarde para poner remedio a esa injusticia, la reina se involucró en el cometido que Catalina Bustamante estaba realizando en aquellas tierras. Isabel de Portugal envió a un grupo de mujeres letradas de conducta ejemplar a que ayudaran a la causa.

En 1535 Catalina volvió a España para entrevistarse con la reina y solicitar más apoyo. Al describir la precaria situación de las niñas indigenas, la reina no dudó en reclutar a más mujeres para mejorar las condiciones de la educación y extender la labor pedagógica. La peste sorprendió a Catalina Bustamante en 1545 causándole la muerte. Pero su huella fue tan profunda que su lucha no murió con ella. Esto hizo que fuera recordada como “la primera maestra de América”.

La agricultora María Escobar

María Escobar debió nacer entre 1500 y 1520 en el palacio de los Escobar, próximo a la iglesia de san Andrés, en la localidad cacereña de Trujillo. Esta noble partió rumbo a América para acompañar a su marido, Diego de Chaves, quien estaba a las ordenes de Francisco Pizarro. Junto a su marido se estableció en el virreinato del Perú cuando aún estaba llevándose a cabo la misión colonizadora. Sin embargo, Escobar no se conformó con ser la mujer detrás del gran hombre.

Introductora del cultivo de cereal en América

En su lugar, esta trujillana estudió la calidad de las tierras recibidas por su marido de Pizarro. Como si fuera agricultora, supo determinar cuáles de ellas eran susceptibles de ser sembradas, y con qué tipos de cereales. Después mandó traer trigo y cebada desde España. En efecto, recibió medio almud de trigo y lo repartió entre agricultores de Lima y Cañete, a razón de entre 20 y 40 gramos para cada uno.

El de Cañete fue el primer trigo peruano. Su consumo se prohibió durante tres años para dedicarlo a propagar la gramínea en las Indias. Transcurrido ese tiempo, María Escobar consideró que había suficiente cultivo. Así fue como empezó a haber harina de trigo en Perú. El éxito de María Escobar fue premiado con una encomienda cerca de Lima, con su correspondiente reparto de indios, como si la introducción del cereal en el continente americano fuera una victoria militar. Sin embargo, el gobernador Vaca de Castro no era partidario de que las mujeres ejercieran como encomenderas y le arrebató dicho cargo.

Curiosidades

Como curiosidades, de María Escobar se dice que fue la primera mujer europea casada que llegó hasta los dominios incas. También que, junto a Isabel de Rodríguez, María Escobar fue quien recogió el cadáver de Francisco Pizarro, asesinado por un asalto al palacio del virrey. Tras enviudar, María Escobar se trasladó a Cuzco para dedicarse por entero a sus cultivos de trigo y cebada. Allí, probablemente, pasó los últimos años de su vida.

La guerrera Mencía de los Nidos

Mencía de los Nidos es una de las grandes olvidadas de la historia de América. Nació en Cáceres en torno al 1510 aunque, como es habitual, el año exacto de su nacimiento se desconoce. Hija de hidalgos, Mencía se embarcó para viajar al nuevo continente junto a dos de sus hermanos. Vivió en Perú junto a su hermano Gonzalo de los Nidos hasta que éste fue cruelmente ejecutado a manos de los pizarristas (Los pizarristas fueron los vencedores en la batalla de Jaquijahuana, que enfrentó a partidarios de Francisco Pizarro y Diego de Almagro).

Fue entonces cuando Mencía emprendió un viaje hacia el cono sur en busca, probablemente, de un lugar donde empezar de cero. Quizás le movía el deseo de dejar ese terrible recuerdo atrás. Sin duda, la pérdida de su hermano debió ser traumática para ella. Además de que en Perú siempre conservaría el estigma social de haber apoyado al bando derrotado.

Un papel protagonista en la Guerra de Arauco

En ese momento se estaban descubriendo y conquistando las tierras del actual Chile. En la ciudad de Concepción, Mencía de los Nidos encontró un nuevo hogar donde establecerse. Pero la vida en tierras chilenas era difícil. Los españoles se encontraron allí con una de las más grandes resistencias de la conquista americana, la de los araucanos o mapuches. Los enfrentamientos entre españoles y araucanos eran constantes.

Uno de esos acontecimientos bélicos tuvo lugar tras la muerte de Pedro de Valvidia, conquistador de Chile, cuando los araucanos asediaron la ciudad de Concepción. El gobernador Francisco de Villagra ordenó evacuar la ciudad en vista de la fiereza de los mapuches y para evitar acabar como su antecesor, Valdivia.

Azulejos que conmemoran las hazañas de extremeños en uno de uno de los bancos de la plaza de san Francisco en Badajoz

Fue entonces cuando Mencía de los Nidos protagonizó uno de los episodios más relevantes de la Guerra de Arauco. En el momento de la evacuación, esta dama se encontraba postrada en cama debido a una enfermedad. Pero esto no le impidió tomar una espada y presentarse en la plaza Mayor de Concepción. Allí dio un discurso para arengar a la población “con más ánimo de hombre que de mujer”, según cuentan las crónicas.

Se encaró con el propio gobernador Villagra y le recriminó si actitud por abandonar la villa. El arrojo de Mencía de los Nidos era tal que llegó incluso a pedirle al gobernador que abandonara la ciudad en buena hora porque las mujeres defenderían sus casas y propiedades y no se dejarían llevar por noticias que “debía haber dado algún hombrecillo sin ánimo”. Pese a la vehemencia de su discurso y a sus intentos de defender Concepción, la ciudad fue finalmente abandonada.

Inmortalizada en la letras españolas

Alonso de Ercilla y Zuñiga

No obstante, las palabras de coraje y valor de De los Nidos en aquella jornada se hicieron tan virales como el mejor de los tweets actuales. Tanto fue así que Alonso de Ercilla y Zuñiga le dedicó siete versos en el canto VII de La Auraucana, su gran poema épico que narra la primera fase de la conquista de Chile, centrándose especialmente en la Guerra de Arauco. Alonso de Ercilla hace una particular descripción de Mencía, destacando su valor y temperamento en un mundo militar dominado por una mentalidad profundamente machista.

La Araucana

Mencia de los Nidos murió el 6 de enero de 1603 en Santiago de Chile. Legó sus bienes a su sobrino nieto, el capitán Luis Monte de Sotomayor de Cáceres, al no haber tenido hijos (pese a que estuvo casada en dos ocasiones). Fue enterrada en el convento de la Merced en Santiago de Chile.

Por una recuperación del papel de la mujer

Esta entrada de nuestro blog está dedicada a tres mujeres extremeñas que viajaron a América, que no se amedrentaron, que no cedieron ante sus padres, maridos, hermanos o familiares, y que se atrevieron a transgredir las normas impuestas por una sociedad principalmente militar que hoy consideraríamos machista. Fueron valientes porque no se limitaron a ser meras acompañantes, sino que desempeñaron un papel activo en la conquista de América y que, pese a no ser reconocidas, dejaron su impronta y escribieron sus propias páginas de la historia.

 

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