Guías de turismo

18

Mar
2021

Los hornos de cal en el Calerizo de Cáceres

Posted By : kn5cp/ 339 0

Nuestra entrada de hoy va a permitir que nos aproximemos a los orígenes y el desarrollo de Cáceres. En concreto, nos vamos a referir a una industria probablemente clave para la fundación de Cáceres y además de las más importantes que ha tenido nuestra ciudad desde la Edad Media hasta mediados del s. XX. Estamos hablando de la industria de la cal. Haremos una auténtica visita guiada a través de los restos arqueológicos y etnográficos de los hornos de cal dispersos por el área conocida en la ciudad como el Calerizo. Y completaremos la información con un video realizado por nuestra compañera Milagros Rivas, guía de turismo oficial habilitada por la Junta de Extremadura.

Qué es el Calerizo de Cáceres

Comenzaremos por señalar que la localización de Cáceres no es casual. Al contrario, su localización no puede entenderse sin reparar en la geología. En Cáceres la formación del subsuelo por rocas cársticas ha dado lugar a dos de los recursos, el Calerizo y la Rivera del Marco, sin los que hubiera sido imposible el asentamiento humano en el espacio que hoy ocupa nuestra ciudad. El Calerizo es un área de roca caliza que se disuelve con el agua y da lugar a las cuevas en las que se cobijaron los primeros pobladores de Cáceres, como por ejemplo las cuevas de Maltravieso, Santa Ana y el Conejar. Los arqueólogos hablan de un espacio único que permite investigar la evolución de la vida en distintos periodos de la prehistoria y que no deja de darnos sorpresas.

 

Detalle de algunas de las pinturas rupestres reproducidas en el centro de interpretación de la cueva de Maltravieso. Estas pinturas son las de mayor antigüedad del mundo con más de 60000 años según un estudio publicado por investigadores de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido
Dos más de las más de setenta manos documentadas en la cacereña cueva de Maltravieso y reproducidas en el centro de interpretación de la cueva
Algunas más de estas manos reproducidas

El subsuelo de Cáceres está constituido por pizarras, calizas y cuarcitas que trazan una estructura sinclinal, en forma de U. Esta estructura funciona como un gran depósito de agua formado por rocas calizas, sellado por suelos pizarrosos de escasa permeabilidad y delimitado por los afloramientos de cuarcitas de las tres sierras de Cáceres: la sierra de la Mosca, la del Risco y la Sierrilla.

En este medio abundan los filones de piedra caliza, ricas en carbonato cálcico, que han tenido un uso humano desde tiempo inmemoriales. Y es que las propiedades químicas de estas piedras se transforman cuando se las calienta a una determinada temperatura hasta dar lugar a óxido de calcio. Este óxido, también conocido como cal viva, posee numerosas utilidades. Por ejemplo, se puede emplear como material higienizante y aglomerante en los revestimientos a base de mortero de las construcciones.

Cómo funcionaba un horno de cal tradicional

La obtención de la cal viva (óxido de calcio) exige el calentamiento previo de la piedra caliza (carbonato de calcio) a unos 900 grados. Para ese proceso se han utilizado hornos ya incluso desde la Antigüedad. Los hornos de cal son construcciones circulares que solían contar con un pozo de unos dos o tres metros de profundidad y los mismos metros de diámetro. Las paredes interiores del pozo se recubrían habitualmente con arcilla para evitar la pérdida de temperatura. En el interior de esta estructura se iban disponiendo, minuciosamente y por tamaños, las piedras calizas previamente troceadas, hasta formar una bóveda exterior. En el centro quedaba el espacio necesario para instalar la leña que el calero avivaba durante el proceso de cocción.

La lluvia podía arruinar todo el proceso, por lo que se buscaban días tranquilos de verano para encender el fuego. Durante las primeras horas de cocción, la piedra iba perdiendo humedad, lo que originaba un humo blanco. A medida que la piedra se quemaba, el humo se tornaba oscuro. Durante tres días y dos noches el horno permanecía encendido, por lo que el calero tenía que dormir en el mismo lugar del horno. Cada cierto tiempo se extraía la ceniza para dejar espacio a la leña nueva. Lo normal es que la bóveda se hundiera. Este hundimiento, lejos de constituir un problema, era tomado como una buena señal, porque era el resultado de la conversión en cal de la piedra ya carente de consistencia.

Pero eso no es todo. La tarea continuaba durante semanas. Cuando el horno se había enfriado, se destapaba la boca y se extraía la piedra, entonces ya con un aspecto quebradizo y poroso. El calero seleccionaba las piedras bien cocidas y desechaba el resto. Se estima que el aprovechamiento solía ser del 60% de la piedra empleada.

La cal de Cáceres

Sabemos que existieron numerosos hornos para obtener cal repartidos por las cercanías de las distintas canteras de piedra caliza que había en Cáceres. Algunas de ellas se encontraban en la zona del Espíritu Santo. Por cierto, fue en una de esas canteras donde en 1951 unos barreneros hallaron, de manera fortuita, la cueva de Maltravieso. Asimismo, había canteras en el espacio que hoy ocupan las barriadas de Moctezuma o el Nuevo Cáceres, así como también en el cerro de Cabezarrubia.

La cal obtenida en Cáceres fue famosa por su calidad. Los trabajadores del gremio de los caleros vivían en una de las calles de mayor tradición popular de Cáceres, la calle Caleros. A esta calle se hace mención en nuestro folklore, como en una conocida jota “de pique”. Además, al margen de su importancia económica, en la ciudad se llegó a considerar que el humo desprendido por los hornos era bueno para los bronquios y la tos ferina.

El declive de la actividad comenzó con la generalización del uso del cemento a mediados del s. XX. La masiva utilización del cemento supuso el final de este sector tradicional y artesanal.

Los hornos de cal en el Calerizo de Cáceres, hoy

Paseando por Cáceres, podemos encontrarnos con algunos de estos hornos. El más visible de todos ellos está junto a la estación de autobuses, aunque carece de la señalización que nos permitiría reconocerlo. Eso sí, al menos está rodeado por una cancela que lo protege. Asimismo, perdura otro horno junto a la urbanización del Junquillo. Se puede hallar otro más en pleno Calerizo, en la carretera de Medellín. Por último, uno de los más importantes se encuentra en esta misma zona, pero en el interior de una propiedad privada.

Imagen de la boca del tercer horno mencionado en nuestra entrada, cercano a un supermercado en la zona del polígono industrial de la charca Musia
Otra imagen de la boca del mismo pozo
De nuevo, otra vista parcial de la boca de uno de esos hornos
Imagen de nuestra compañera Milagros tomada desde el interior de uno de esos pozos

Todos los hornos conservados en Cáceres son del mismo tipo. Cuentan con puertas que en la actualidad suelen estar selladas y unas escaleras o rampa para subir a la boca que abre la estructura hacia el exterior. Su estado actual es de abandono absoluto y requieren una mínima atención para que no terminen por desaparecer. Pues, con ellos, desaparecería también parte de un importante legado cultural e histórico que hemos querido poner en valor en esta entrada de nuestro blog.

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